Análisis de Nioh 3 – La lucha contra los demonios regresa

Hay sagas que no necesitan explicación: entran, te tiran un arma en la mano y te obligan a mejorar. Nioh 3 es exactamente eso, pero con una ambición nueva que se nota desde el minuto uno. Team Ninja no se limita a repetir la fórmula; la estira. Llega con un mapa por zonas, refina el ritmo de exploración y, sobre todo, construye su gran idea alrededor de un sistema que lo transforma todo: dos estilos intercambiables, Samurai y Ninja, que no son “dos clases” decorativas, sino dos formas distintas de entender el combate.

Lo mejor es que esa ambición no llega sola. A la vez que el juego se abre, también se vuelve más accesible a la hora de experimentar con builds, habilidades y ajustes, y te anima a probar sin el miedo constante a haber “arruinado” tu personaje. Y aunque en lo técnico hay puntos discutibles que pueden no gustar a todos los jugadores, la sensación final es la que importa. Nioh 3 es uno de esos juegos que te hacen pensar “vale, una zona más”, y cuando miras el reloj ya llevas horas dentro.

Historia – Un heredero débil y un hermano ambicioso

El protagonista de esta entrega es Tokugawa Takechiyo, un heredero elegido para convertirse en el nuevo shogun, pero que no es el típico guerrero dominante que suele asociarse a este tipo de papel. Su historia comienza el mismo día de la ceremonia de sucesión, cuando todo se rompe: su hermano Kunimatsu lo traiciona y utiliza a los yokai para tomar el poder por la fuerza.

Tras ese ataque, el protagonista es enviado al pasado, concretamente 50 años atrás, en pleno periodo de los Estados en guerra. Este punto es clave porque permite que la historia conecte con distintos momentos de la historia de Japón y con personajes reales. Durante ese recorrido terminas colaborando con Tokugawa Ieyasu, mientras el conflicto gira en torno a figuras como Takeda Shingen, cuya influencia está ligada al uso del Amrita y a la corrupción que provoca la aparición de los yokai.

A partir de ahí, el objetivo será entender el origen de la traición de Kunimatsu y frenar la expansión de esa fuerza que está alterando los acontecimientos históricos.

Jugabilidad – No es “mundo abierto” sin más

Tras el tutorial, Nioh 3 no te encierra en una misión clásica con principio y final, sino que te deja caer en una zona amplia y te obliga a apañártelas como puedas. El marcador de historia puede estar a bastante distancia y el juego no se preocupa por llevarte de la mano. Esa libertad forma parte del aprendizaje y marca la gran diferencia con las entregas anteriores. Aquí eres tú quien decide si avanzar hacia el objetivo principal o desviarte para conseguir equipo, desbloquear atajos entre santuarios o probar suerte contra enemigos que claramente están por encima de tu nivel.

En ese camino te cruzas con rutas secundarias, cofres, actividades, encuentros peligrosos y yokai que custodian botines de alto nivel. Incluso el primer poblado puede ponerte en tu sitio en segundos si entras con mentalidad de limpiar todo sin pensar. Esa sensación de “aquí todavía no mando yo” sigue siendo muy Nioh, pero cambia el contexto porque ahora puedes elegir cuándo y dónde asumir ese castigo.

El diseño del mapa tiene una intención clara ya que los caminos se bifurcan, hay zonas que conectan entre sí y desvíos que casi siempre compensan con habilidades, kodama, mejoras pasivas o equipo que encaja con tu build. Explorar no es rellenar mapa, es una forma directa de hacerte más fuerte antes del siguiente muro.

Eso crea un bucle muy divertido. Tú eliges una zona acorde a tu nivel, la recorres con calma, activas santuarios para asegurar progreso, mejoras tu equipo y tu dominio del combate contra enemigos menores, y tarde o temprano acabas chocando contra el gran desafío del área. En ese momento el juego te pone a prueba de verdad y te obliga a demostrar que todo lo que has hecho antes no era simple recolección, sino preparación.

Exploración – Casi obligatoria

Una de las sorpresas más agradables de Nioh 3 es que la exploración no se siente como una lista de tareas. Encontrar Kodama no es simplemente marcar un coleccionable en el mapa. suele implicar observar el entorno, meterte en rutas poco evidentes, romper cajas, rodear zonas o bajar a zonas que parecían decorado. Y lo importante es que ese esfuerzo tiene un impacto directo en la partida, ya sea en forma de mejoras pasivas u obteniendo más recursos.

Los Sunekosuri, por su parte, actúan como una especie de brújula que te empuja hacia caminos que no habrías tomado por tu cuenta y que te permiten conseguir equipo, habilidades o materiales que encajan con tu configuración. Los Chijiko, por otro lado, cambian la forma de explorar el escenario porque te obligan a levantar la vista y explorar en vertical, algo que en entregas anteriores tenía menos peso.

Luego está ese «detalle» Nioh que se agradece porque hay secretos como los Nurikabe, paredes que responden a gestos concretos, almas errantes contra las que puedes combatir para conseguir equipamiento… No es solo un guiño para veteranos sino que es una forma de recordar que el juego sigue premiando al jugador que experimenta y observa.

Por último, cuando el juego quiere comprobar si realmente estás preparado, cambia el ritmo con actividades como los purgatorios menores. Son combates por oleadas donde desaparece la exploración y todo gira alrededor de tu dominio del sistema de combate. Funcionan como un examen práctico: en pocos minutos te obligan a gestionar el ki, leer enemigos distintos y optimizar tus recursos sin descanso. Y ahí es donde notas de verdad si tu build está bien pensada o si solo estabas sobreviviendo por inercia.

Progresión y builds

Nioh siempre ha sido una entrega que ofrece una locura de posibilidades, pero aquí se nota un intento de hacerlo menos hostil. Entre habilidades por arma, ajustes de estilo, pasivas, espíritus y el inevitable loot, hay opciones para aburrir incluso a los más veteranos. La diferencia es que el juego facilita el cambio ya que te permite reconfigurar puntos y eso convierte la experimentación en parte del viaje, no en un arrepentimiento.

Eso sí, hay un peaje que no desaparece: la gestión del inventario sigue siendo la parte más complicada de llevar y puede resultar un caos si no eres capaz de gestionarlo.

Apartado gráfico y artístico

Visualmente, Nioh 3 vuelve a demostrar que Team Ninja tiene una identidad artística muy clara. El diseño de yokai, las armaduras, los espíritus guardianes y los escenarios históricos mantienen ese equilibrio entre lo oscuro, lo fantástico y lo colorido que siempre ha definido a la saga. Hay jefes con una presencia espectacular, efectos visuales muy reconocibles en habilidades y una estética que hace que cada zona tenga personalidad propia.

Esto se nota especialmente porque ahora existen mapas más grandes y abiertos. El diseño de las zonas está muy trabajado, con rutas que se cruzan, pueblos en ruinas, templos, campos de batalla y un sin fin de zonas explorables. Lo único negativo es que a veces algunos detalles pierden fuerza aunque no empañan la experiencia del juego.

En consola el rendimiento es sólido y la experiencia es estable, lo que hace que durante el combate (que es donde realmente importa) todo se vea limpio y fluido. En ese sentido el juego prioriza claramente la jugabilidad sobre el espectáculo visual, algo que encaja con la filosofía de la saga.

Al final, el apartado gráfico deja una sensación clara: no impresiona por potencia, pero sigue funcionando gracias a su personalidad visual y al diseño de enemigos, equipo y escenarios. No es el salto generacional que algunos podían esperar, pero tampoco rompe la inmersión en ningún momento.

Apartado sonoro

Si hay un área donde Nioh 3 suele convencer es el sonido. El golpeo de armas, los impactos contra armaduras, los efectos yokai y, especialmente, el sonido de mecánicas defensivas y los counters, tienen ese punto de “clic” satisfactorio que te enseña cuándo lo has hecho bien sin que tengas que mirarlo dos veces.

La banda sonora no busca robar el protagonismo en todo momento, pero sabe cuándo entrar para mejorar una zona o un combate importante. Además, el trabajo de voces japonesas aporta presencia y te mete de lleno en el Japón feudal.

Duración

Una partida completista se puede ir fácilmente a cerca de 100 horas si te obsesionas con actividades del mapa, desafíos y objetivos secundarios. Sin embargo si te centras en la historia el juego puede durar entre 30-40 horas dependiendo de la habilidad del jugador.

Conclusión

Nioh 3 es la entrega más ambiciosa de Team Ninja y también la que mejor entiende cómo evolucionar su fórmula sin traicionar lo que la hacía única. Su sistema de combate sigue siendo el gran referente del género, ahora acompañado por una estructura más abierta que potencia la exploración y la personalización. Puede que no deslumbre en lo técnico ni tenga la historia más clara, pero cuando todo encaja (build, ritmo, jefe y ejecución) vuelve a demostrar por qué esta saga juega en otra liga dentro del action RPG.

Lo mejor

  • Combate profundísimo gracias al sistema de estilos y a la libertad de builds.
  • Exploración que siempre recompensa, sin sensación de contenido de relleno.
  • Cantidad de contenido enorme, pensada para decenas y decenas de horas.
  • Jefes muy bien diseñados, donde el sistema de combate brilla de verdad.
  • Rendimiento sólido en consola, priorizando la fluidez.

Lo peor

  • Historia menos interesante, con demasiado peso en textos y enciclopedia.
  • Creador de personaje más limitado que en Nioh 2.
  • Inicio menos exigente para veteranos, aunque luego remonta.

Deja un comentario