Análisis de Code Vein 2 – Abraza el mundo abierto sin renunciar a su identidad

Tras el impacto que ha tenido Elden Ring en el género, no es extraño ver cómo otras sagas Soulslike apuestan por ampliar su mundo y reinventarse. Code Vein 2 sigue ese camino, pero lo hace sin renunciar a su identidad: estética anime, un menú amplísimo para poder crear a tu personaje y un sistema de combate que mezcla precisión y vínculos sociales.

Esta secuela que ha llegado este 30 de enero de 2026 a PlayStation 5, Xbox Series y Steam, no solo expande el universo de la saga, sino que también refina gran parte de sus mecánicas para ofrecer una experiencia más accesible y menos restrictiva, pensada tanto para veteranos del género como para quienes siempre han querido dar el salto a un Soulslike sin volverse locos con el muro de dificultad.

Historia – Reescribir el destino en un mundo al borde del colapso

La historia nos traslada a un futuro devastado en el que humanos y renacidos (seres de naturaleza vampírica) luchan por sobrevivir tras un evento catastrófico conocido como la Resurgimiento. Esta amenaza continúa transformando a los renacidos en criaturas incontrolables mientras el mundo se aproxima a su desaparición.

En este contexto encarnamos a un cazador renacido que, tras ser resucitado, se une a Lou, una misteriosa joven capaz de viajar en el tiempo y que está profundamente ligada con nuestro protagonista. Esta habilidad se convierte en el eje central de la historia, ya que nos permite explorar distintas épocas para alterar acontecimientos, conocer a los héroes del pasado y cambiar el destino con la esperanza de cambiar un presente condenado a la destrucción.

Las decisiones que tomamos durante la aventura no solo afectan al destino de los personajes, sino que desembocan en distintos finales, reforzando la sensación de que cada intervención tiene un peso real en la reconstrucción de este mundo y que realmente tenemos una segunda oportunidad para aprovecharla.

Jugabilidad -Un mundo dividido entre épocas

Uno de los puntos más interesantes de Code Vein 2 está en cómo utiliza los viajes en el tiempo dentro de la propia exploración. No se trata solo de avanzar en la historia: según el momento en el que visitemos una zona encontraremos caminos abiertos, misiones disponibles, personajes distintos o cambios en el entorno con multitud de objetos para recoger. Esto hace que volver a regiones anteriores tenga sentido y que el juego nos invite a pensar cuándo es mejor hacerlo.

Cuando el mundo se abre por completo empezamos a movernos por áreas amplias y conectadas entre sí, incluso con la ayuda de la motocicleta para acortar distancias (además de los místeles que funcionan como las reconocidas «hogueras». Aun así, recorrerlas a pie sigue siendo la mejor forma de aprovecharlas, ya que es así como encontramos mazmorras opcionales, materiales de mejora y eventos secundarios que pasan desapercibidos si vamos directamente al objetivo.

Las mazmorras opcionales son conocidas como Jails, que son desafíos cerrados repartidos por el mundo que funcionan como pequeños picos de dificultad. Al activarlos quedamos aislados del exterior y tenemos que superar una serie de combates más exigentes para obtener recompensas especiales. Rompen un poco con la misión principal y obligan a prepararse antes de entrar, ya que es fácil encontrarlos mientras exploramos y no siempre llegamos con la build o los recursos en el mejor momento, lo que en más de una ocasión nos ha llevado a regresar más adelante.

En combate, la clave vuelve a estar en la libertad que ofrece el sistema de códigos de sangre. En lugar de obligarnos a fijar una build concreta durante horas, el sistema de códigos de sangre mantiene la flexibilidad del primer Code Vein y la lleva un paso más allá, permitiéndonos cambiar de estilo en cualquier momento y adaptar el personaje a lo que nos apetezca usar según el combate o el tipo de enemigo. Cada código no solo modifica las habilidades disponibles, sino también el ritmo al que afrontamos los enfrentamientos: hay configuraciones mucho más agresivas y otras que invitan a jugar con mayor control del espacio, algo que se nota especialmente en los combates contra jefes, donde cambiar de enfoque puede marcar la diferencia tras varios intentos fallidos.

Por otro lado, todo el sistema de combate gira alrededor del Icor, el recurso que obtenemos al drenar enemigos y que usamos para lanzar técnicas y ataques especiales. La gestión es más importante de lo que parece, porque no basta con atacar sin parar: si gastamos demasiado Icor sin recuperar, nos quedamos sin acceso a habilidades clave durante varios segundos. Esto crea un ciclo constante muy reconocible de entrar en combate, presionar para drenar, retirarse en el momento justo y volver a lanzar dones, haciendo que los enfrentamientos sean dinámicos, exigentes y muy estratégicos.

También se nota que cada arma cambia de verdad la forma de jugar. Las más pesadas permiten controlar grupos de enemigos y castigar ventanas concretas, mientras que las ligeras favorecen un estilo mucho más ofensivo y basado en la movilidad. A esto se suman las nuevas hojas rúnicas, que destacan por su velocidad y por estar claramente pensadas para configuraciones híbridas, permitiendo mantener la presión mientras activamos habilidades y efectos sin romper el ritmo del combate.

El sistema de compañeros y lo mucho que lo diferencia de otros soulslike

Uno de los cambios más importantes respecto al original está en el rediseño del sistema de aliados. En esta ocasión los compañeros no se limitan a acompañarnos en combate, sino que pasan a formar parte directa de nuestra supervivencia gracias a los puntos de vínculo, una mecánica que actúa como un colchón de seguridad antes de que empieces a perder vida de verdad. Primero irá bajando la parte azul de la barra de vida hasta que llegue al HP de nuestro personaje principal.

Además, cada aliado cuenta con habilidades pasivas y activas propias (bonus de rango de compañero) que se van desbloqueando y mejorando a medida que fortalecemos nuestra relación con ellos. Esto hace que la elección del compañero no sea solo porque nos guste más o menos sino porque realmente nos merece la pena invocarlos y usarlos en combate. También podremos asimilarlos para mejorar nuestros atributos encerrándolos y fusionándolos.

En los combates más exigentes los aliados pueden incluso sacrificarse para revivirnos, una mecánica que da un margen de error extra y hace que los intentos contra los jefes resulten menos difíciles.

Esto no convierte a Code Vein 2 en un juego fácil, pero sí en un soulslike más flexible y amable con el jugador, permitiendo que tanto quienes buscan un desafío como quienes prefieren centrarse en la historia encuentren su espacio sin sentirse constantemente penalizados. El juego permite abandonar un enfrentamiento complicado, explorar otras zonas, mejorar el equipo o subir de nivel antes de volver a intentarlo. Esta libertad, unida a la generosidad de la barra de resistencia, la potencia de las habilidades y el apoyo constante de los compañeros, hace que la dificultad general se sienta más permisiva que en otros referentes del género.

Apartado gráfico

El apartado visual apuesta claramente por su identidad anime. Los personajes, enemigos y equipamientos tienen un diseño muy cuidado y el editor de personaje es, sin duda, uno de los más completos del género. Podemos elegir entre ponernos gorros, cicatrices, mechas en el pelo, colores distintos en los ojos y multitud de características que nos tendrán pegados a la pantalla.

Los escenarios, sin embargo, si resaltan de manera negativa. Hay localizaciones muy detalladas e impresionantes, pero otras se sienten algo planas cómo si estuviesen vacías. Además, en algunas zonas amplías se observa que hay problemas a la hora de cargar texturas y esto es todavía mas evidente al usar la moto.

Apartado sonoro

El apartado sonoro de Code Vein 2 sigue la línea del primer juego, con una banda sonora orquestal que encaja muy bien con la aventura. No se limita a sonar de fondo, sino que acompaña de verdad lo que ocurre en pantalla, tanto en los combates como en los momentos más centrados en la historia.

Durante la exploración predomina la música más calmada y ambiental, sin embargo en los combates el cambio es evidente. La música gana intensidad, con muchos coros pero sin abrumar. Es de esas bandas sonoras que ayudan a meterse en la pelea sin distraer.

Por otro lado, el doblaje, disponible en japonés e inglés, mantiene un buen nivel y encaja con los personajes. Esto se nota sobre todo en las escenas donde potencias las relaciones con los compañeros.

Duración

Completar la historia principal lleva unas 35 o 40 horas, mientras que hacerlo todo (misiones secundarias incluidas) puede alargar la experiencia hasta las 50 o 60 horas.

Conclusión

Code Vein 2 no pretende competir con los gigantes del género, sino consolidar su propio estilo. Se nota que sabe muy bien qué quiere ser y construye toda su jugabilidad en torno a esa idea. Su sistema de progresión en combate, las relaciones con los compañeros y la exploración apoyada en los viajes temporales le dan una personalidad clara dentro de un panorama que cada vez se siente más homogéneo. No busca reinventar la fórmula, pero sí adaptarla para ofrecer una experiencia más accesible y menos frustrante en combate.

Puede que no sea el soulslike más desafiante ni el más impactante a nivel visual, pero sí uno de los más fáciles de recomendar. Ideal tanto para quienes quieran adentrarse en el género como para quienes disfrutaron del original y buscan una secuela que mejora de forma evidente en casi todos los aspectos.

Lo mejor

  • Sistema de compañeros divertido y muy útil en combate
  • Editor de personajes muy completo con muchos rasgos a elegir
  • Sistema de combate muy versátil y lleno de posibilidades
  • Muchos finales distintos que incentivan a rejugar el juego

Lo peor

  • Dificultad más baja de lo esperado dentro del género
  • Algunas áreas y enemigos se sienten repetitivos y desaprovechados
  • La cámara del juego, en algunos combates, es claramente mejorable

Deja un comentario